En la tierra negra de
mi patria se cocieron los huaraches con hilaza
De cordones de azúcar
y la hojarasca cubrió el monte.
Y baje por la
ladera, con el canaston en la cabeza,
Moviendo la cadera
con el reboso en los hombros y las
Piernas bien firmes
en la tierra.
Así llegue al pueblo
cobijada por los nardos en flor,
Con los mezquites y
las tunas.
En la tierra café de
mi tierra, las hoyas de barro brillan con el
Sol se cose el mole
en las hoyas de tepetate blancas cenizas
De comales y anafres
humeantes. Y las trojes llenas de maíz,
Que linda es la
tierra, arar el campo, oler la briza
A lluvia fresca que
se acerca en el camino.
Camino real, camino
grande de arándanos en flor,
De burros y de
jaripeos. Que ya veo jilotear
Los elotes, entre
canastillas de pan.
Ya huele a canela y café.
En mi tierra mestiza,
La patria brilla con
las charcas, las aguadas y el sol
Que las hace relucir
con su ritual y su brillo de oro,
Mientras los
piscadores se van con sus itacates en el hombro
Y su guajo en el
costado, lleno de pulque fresco.
Ya se van para el
gran campo a piscar los elotes
A piscar la
vida, a pisca la luz.
Porque aquí en campo
la flor es vida, el silencio es muerte,
La nostalgia es gozo
y las charlas sollozo.
Ya el horno está
caliente, y el rodillo y las manos,
Amasan la masa para
el pan.
Y las tortillas con
las manos se han de palmear.
En la tierra de mi
alma, mi corazón pinto destajos de garbanza
Y tequila, que lo
mezquitales están en guajo
Y la bordaderas en
hilaza, hilo de algodón o de seda
Tejen y bordan,
las esperanzas de una cosecha
Que en arriates y
deshierbes, le quite el hambre
Al pueblo, al pueblo
de las tunas, los magueyes y los
Manglares en el río.
En la tierra mía, el
coyote aúlla en la lejanía.
El cenzontle canta en lo alto del cerro y el tecolote
chilla en su caseria.
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