Clack...Clack
Suenan
las teclas de la máquina.
En ese
momento tomo la única taza de café con aza que tengo,
La
levantó, volteo y te veo.
Parado
frente a mí absorto,
Entre
cuadraturas numéricas en tu pintaron
Trasparente.
En ese momento suena el teléfono
La
llamada se corta repentinamente, doblan las campanas del
Templo.
Me
levanto y me hago un té con tantito amaretto.
Cierro el
frasco. Tú sigues ahí, lentamente recorriendo los números
De tu
pintaron traslucido.
Me miras
aun que realmente no me estas observando.
Estas
viendo tus fórmulas matemáticas.
Clack...Clack
Vuelvo a
mi escritura.
Levanto
mi mirada nuevamente, pues no logro concentrarme del
Todo,
estoy anonadada ya no te encuentro, subo al piso superior
No estas,
me fijo si habrás salido a comprar algo reviso
Tus
muletas para ver si te fuiste.
Se
encuentra ahí donde siempre las has puesto.
Eso me
comprueba que no has salido a dar una vuelta,
Entonces.
Comienzo a desesperarme te busco en toda la casa.
No te
encuentro.
Después
de algunos minutos, cierro los ojos para ver,
Si tan
solo ha sido un sueño momentáneo o estoy dormida.
Pero al
abrirlos, vuelvo de nuevo a mi azorado asombro.
No estas,
has desaparecido. Mis ojos se llenan de lágrimas,
Simplemente
te fuiste de mi lado. Te perdí entre las noches
De insomnio
y los amaneceres de ocaso.
¿Acaso
tus ecuaciones amadas, fueron más grandes que
el sentir
poético de mi corazón?
¿Entonces
por qué al final la razón de lo deseado por ti
Fue más certera
para lastimarme con tu ausencia
Que mis pétalos
de papel blanco?
Es así
que secando mis lágrimas te dejo partir sin
Ninguna
lamentación.
Fue en
ese momento que me doy cuenta que el que ha desaparecido
No eres tú,
si no yo que soy el ansia amatoria de tu corazón ausente
De sentir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario