De entre las cocoteras del tiempo,
ahí donde México se resistió a morir,
surgieron las mujeres de palma
bañadas por magueyes frescos
y roseadas con frijoles de junio,
para que sus hijos crecieran entre los surcos
del maíz.
De entre los tejamaniles de los telares
enredados entre hilazas de rebozos,
de gabanes, resurgieron los sueños
envueltos en algodón y dejados al sol
para que se cuezan. Como adobes
medio horneados.
De los adentros de estos adobes surgieron
las laderas, los valles, las montañas
que habitaron en las pestañas de una niña pequeña
que vio a su madre tejer la palma
y morir en la pobreza.
De la pobreza de los pueblos, nación
un rio de luz que fluyo, surco los valles,
se deslizo por el mar, y movió
los cerros lejanos, y acerco a los cerros
lejanos. y los hijos del maíz, fueron premiados
dándoles el agua miel. para que las mujeres de
palma pudieran dormir en las dormideras del
tiempo.
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