Tu eres el ser de los devenires, de las historias humanas,
motivadas por un reloj de arena que palpita
en las entrañas de una tierra cálida y apacible.
Yo soy la premura, el contraste, los desequilibrios,
los ríos caudalosos que fluyen en una constante
contradicción mundana, sutil y vana.
Tu la calma, el sigilo, la melancolía dulce
de una danza con lobos soñolientos
y apunto de ser despertados por la
pasión y el equilibrio de rosas que caen
de un imaginario particular.
Yo la literatura condensada de una biblioteca,
la razón fatua de los conceptos y la frialdad
cálida de los glaciares del polo norte,
mezclados con una gota de cotidianidad.
Tu la juventud, los ojos de mujer exuberante,
y radiante sol y el colorido de mejillas
aduraznadas, sedientas de besos con globos
y serpentinas de colores.
Yo el nirvana de los dioses, la lujuria
en potencia, el pecado, lo deshonesto,
la intransigencia, el cuerpo la materia
armoniosamente corrompible.
Tu amor y caudales de sentimientos,
una caja de colores o acuarelas,
la claridad de tus ojos y la belleza
piel de niña y de azúcar mascabada.
Yo...el silencio.
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