Estaba yo sentada ahí, en medio del devenir del mundo,
comiéndome un tazón de palomitas,
cuando pasaste tu.
Mi mirada inmediatamente se fugo tras de tus pisadas,
que quedaban ardientes por el piso del cine teatro
así comenzó nuestro romance, entre el aguacero de tus pestañas
y el fuego ardiente de tus ojos.
En ese torbellino de pasión mi corazón se ladeo y quedo
irremediable, absolutamente e indiscutiblemente a la deriva.
haciéndome presa de tu revolución, de tu cambio,
exhorto y moderación Marxista.
Muerta en ti y sin voluntad me deje seducir por tu embeleso de jazmín y narciso.
Luego vino, el tormento. El paraíso se convirtió en prisión.
y comenzaste a atormentar mi vuelo... lejos de la desolación,
tus besos se convirtieron en fuego y yo me que me en su ardor.
Y sin miramientos seguía tu voluntad... así ciegamente... en tu infierno me perdí.
dejándome llevar por tu cuerpo que me sedujo... Fue en ese momento que entendí que
el anarquismo de mi cuerpo te pertenecía.
Y en ese ansia embravecida. Tocaste mi cuerpo, mis senos, mis caderas, desnudándome de inmediato. Envuelta en tu rosa de fuego que ardió entre mis piernas,
sus llamas cobijaron mis adentros, mis sentires mas profundos.
Sintiendo vergüenza de mi comportamiento. Fue hasta el final, que entendí, que la revolución de amarte fundió, el sentido mismo de libertan entre mis piernas. Conectando mi mente
con mi corazón. En ese momento pinte un mural con acuarelas y lo deje secando
de canto al sol.
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