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7 jul 2013

Caducidad infringida

Caducas. Dentro de mí, como el estilo más puro. Como la caducidad más sana.
Así nuestro amor expira; en este tiempo global y amorfo.

Me voy. Me regreso dentro de este caracol interminable de vueltas, 
Figura aurea de mis pensamientos pictográficos, 
Desnudo tu piel, la recorro con mis manos y mis entrañas. 

Muerdo el olio de tus pinceles, 
y lamo la sintonía de tus pixeles. 

Me encuentro, me fugo. En mi estas tú; 
Siempre tú en el reflejo de un espejo. 
En la pantalla plástica de una maquina compatible. 
Así tus programas se instalan en mi cuerpo. 
Esa tremenda necesidad de tenerte me seduce.

Subo tus rodillas, me prendo en tus geranios 
Y luego me desprendo con el primer programa abierto...
Amores de cibercafés, de enigmas, de números. 
Cábala de mis aforismos, diadema de mis entretenimientos. 
Diáfana es tu figura dulcinea de mis ilusorias fantasías eróticas. 
Dama negra, beso negro, muerte negra, 
Qué más da....
Sumisión algebraica, dulce fornicación de mi piel, 
Calor de mis caderas, de mis mulos regordetes. 

Luego vuelvo a bajar, subo, renglón a renglón te trazo. Te llamo, te desmembró, te muerdo, te lamo. 
Musito tu voz, en voz baja, 
Te serpenteo entre la corola de tus haberes, 
Y nuevamente me estremezco en tu pubis planetario. 

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