Miro el punto de tu monte sagrado,
Y en el, el templo adorado de mi ensoñación,
Tu pubis;
La nostalgia de mil niños juguetones,
Tus muslos el cardo y el jazmín de mi ansia,
Tus pechos, el ardiente verano de duraznos.
Mi amor una bestia insaciable y incorrupta.
Mi hada, mi flor, mi adoración.
Mi pueblo con sus cabañas de madera,
Con sus hojas de naranjo y sus botones de narcisos,
Mi morada interminable, tu mis paseos matutinos,
El aliento fresco de la mañana,
El sonido de la cascada en lo alto de la montaña.
Tus senos;
Dos lámparas ardiendo bajo una batalla interminable,
Mirándome como ojos de soldados vivos,
Tu mi sangre, mi balcón, mis alas, mi vacio,
Así es tu cuerpo interminable,
Siempre lleno de vida,
Siempre como dos torres de una iglesia elevada,
Con sus campanas en lo alto,
Siempre en lo alto, siempre llamandonos
A ganar algo que nos dicen que es fé.
Mas yo amor; confió en tus pecas
Y en cada uno de tus pequeños y delicados pelos,
Así me entrego a tí….
Como el halcón se entrega al viento,
O el ganso al agua del manantial.
Así te entrego lo que fuí, lo que soy lo que seré,
Mis pecados y cada uno de mis lamentos,
Mis alegrías y los poros de mi piel adormecida,
Las llagas en mis manos por las largas jornadas
De trabajo en las enequeneras.
Mi sudor, mi colina favorita,
Mis carteles políticos y mis trípticos,
Las largas hojas de reflexiones y mis libros,
mis romances y mis distancias
todos mis yos te los doy a tí.
mis romances y mis distancias
todos mis yos te los doy a tí.

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