Sumergido en la profundidad,
Surjo como el arrojo mismo.
Me elevo,
Mis alas no tocan el suelo
Y veo,
El azul profundo del silencio
Que se mescla entre azules oscuros
Y la luz que entra,
Como en una bocanada de humo.
Mezclándose,
Diluyéndose,
Separándose,
Volviéndose uno
Y un compuesto.
Pensamientos místicos que me llaman.
Que me inundad,
Que me aclara.
De donde voy y a donde vengo,
Viento,
Siento como acaricia mi cuerpo,
Mis alas no se detienen,
Más se extienden,
Tan fuertes y frágiles,
Tan llenas de esa arrogancia
Que tan solo caracteriza al vuelo.
Soy la gaviota que surca un mar en calma,
Un mar profundo y leyendario
Lleno de arrecifes y de existencias.
Doy un giro y retorno
A encontrarme con la inmensidad del cielo,
Despliego mis alas y acaricio las alturas
De este altiplano escondido en el silencio.
Soy el aire de los dioses y el jilguero.
Vuelve mi canto y recobro el vuelo,
Voy y vengo.
Y de la tierra me desprendo,
Vuelo lento y sigiloso contemplo,
A los yaquis que festejan a sus dioses en el suelo.
Surco la profundidad del templo,
Y me desvanezco entre el incienso,
Y como narciso amanezco
Soy los cantos de una voz que ahoga en el aire,
Surge una mañana fresca.
La gaviota que en el mar se pierde
Y en el noctambulo peregrino se goza,
Entre tréboles y abedules,
Soy el fantasma del ancestro
Que en los rayos del sol se asoma
Y se desvanece entre las nubes y la aurora.
Vuelo y luego me detengo
Aquí,
En esta ansia que me causa el vuelo,
En este sentir sintiendo el viento,
¿Por qué vuelo? Vuelo para saciar mi ansia placentera,
Para decirle adiós a los Dioses que me esperan,
Para huir de la inmensa tempestad y de la guerra
Para irme contigo mi dulce compañera
Para encontrar refugio en otra cordillera.

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