No existe el mañana en la casa de los muertos,
Solo existe eterna oscuridad.
Ella reina, esa es su casa,
Su casa colmada de narcisista soledad.
Aquí yacen los recuerdos hechos polvo,
Hechos rostros sin putrefacta.
De los huesos les cuelgan los pellejos,
Y sus dientes podridos huelen a humedad,
Los gusanos se pasean por sus miembros,
Y las larvas subsisten en sus adentros.
Ellas ahora pueblan sus entrañas,
Cohabitan en pequeñas cofradías,
Guardando recelosas los secretos
De lo que fueron sus amargas vidas.
Esta es la casa de los muertos;
De los que nunca ha de mirar de nuevo el sol,
De los que no han de tocar de nuevo el piano,
Y en vida se los comieron otra clase de gusanos.
Esta es la casa de los muertos,
Donde habitan toda clase de engendros,
Donde no existen ni derrotas, ni festines,
Y mucho menos soledades o rondines.
Esta es la casa de los muertos,
De los que ya no tienen mente para meditar,
De aquellos que en el silencio del tiempo,
Por fin descaran en paz.

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