Tu sendero es mi bemol de notas amontonadas, en cuartetos de cuerdas
de mil sonatas que envuelven y se deslizan, filtrándose en medio
del noctambulo de tus rodillas a media luz, y tu lápiz labial color carmín.
En ese lugar, abrazado a tu cintura. Me he perdido sin ningún mapa
ni covacha en donde cohabitar, camilo sigilosamente entre tus piernas,
brazos, caderas alma piel. Sentir. Te envuelta en tus jadeos me dejo llevar por
la palpitación sublime y deliciosa de tu canción de amor.
En ese abrirme respondo a tu lujuria, a tus deseos
de promiscuidad ventajosa para mi sentir inocentemente bañado
con aguas dulces de colores que se
mezclaron entre tus bragas, y mis neuronas calentadas con vapor de agua
y un poco de amor.
Pletórico amor de sutiles trastiendas ocultas que no deja de estar
entre el redoble de los tambores y el repiqueteo de las guitarras
eléctricas que remojan mi cando en tus notas de alborotados
toques de abrazos y manoseos sutiles, tan sutiles que resultan tan
imprestables para la memoria de nuestro propio gusto creador.
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