Mi madre solía decirme, que ¿porque en vez de escribir cosas tan complicadas, no escribir novelas de corazón?, de esas en donde sus protagonistas casi siempre son: Una chica pobre que se enamora del joven rico y en donde la trama es que la chica sufrirá, sufrirá, sufrirá, hasta que el pelmazo del que se enamoro entienda que ella es el amor de su vida, pero yo, terca, obstinada y trasgresora, continúe escribiendo poesía subversiva con contexto político, ensayos políticos y económicos de educación ó libros de pedagogía y didáctica, en donde los conceptos son complejos y no siempre tienen una carga común sino argumentativa y lógica.
Después de algunos años, Mi madre continuo diciéndome que escribiera cuentos para niños: De esos en donde los animales se humanizas y tratan de ser idénticos a los seres humanos, dando enseñanzas morales, las cuales cas siempre están situadas en algún contexto vivencial común para que el niño reciba la lección represiva que el adulto quiere trasmitirle sin tomar encuenta un sentido pedagógico en libertad, o un sentido didáctico no moral sino ético no coercitivo dentro del aprendizaje y el contexto vivencial del niño, pero yo terca y testaruda como siempre continúe escribiendo, ensayo político, económico y poesía trasgresora y de ruptura.
Tiempo después, mi madre me dijo que porque no escribía, poesías del corazón, de amor, en donde el príncipe salta de un balcón en busca de la damisela perdida quien con dulce sonrisa lo recibe escuchando sus versos poéticos con gran atención, sumisión y ilusión, Pero yo, continúe escribiendo poesía erótica, política.
Mi madre ya no me habla desde que le dije que era bisexual y que no iba a dejar de escribir poesía erótica, política y que seguiría siendo subversiva aun que la gente me tuviera miedo, fue así que comprendí que si en esta vida no haces lo que se te pega la gana desde lo simbólico, de nada sirve lo que hagas.
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