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23 jul 2014

El evangelio de la casa oscura



 Las lapidas de tu cúspide me llaman, me envuelven me hospitalizan, 
Son el habitad en donde mi osamenta llego un día de Abril a reposar. 
Aquí habito contigo desde entonces, y miro la luna y el sol por igual. 

Las lapidas de tus caderas de plata y cobre me cubre, 
Me elevan hasta esbozar tu rostro en mis adentros, 
Tus dientes fueron mí enraizada voz y tu piel mí encarnizado gusto.

Tu entierro me miro pasar, con esas flores de alquitrán marchito, 
Y el semblante todo cuajado, como queso blanco o panela. 
Se quedo ahí plasmado en tus piernas para la eternidad. 

Tu entierro es cosa fresca, con banda y tambora me llevaste a enterrar,
Y ahí todo sembrado me dejaste reposar, 
Como los vinos reposan en las galeras, así mis huesos reposando están, 
En esta tierra de muertos, que sin ojos no pueden llorar.



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