BIENVENIDOS

24 feb 2012

LA MADRE TIERRA




Nací:
Y siendo una niña  contemple su belleza.
Sus ríos que corren entre las veredas del campo
Mojando la tierra negra, roja o cobriza.
Miré:
A la oruga tejer su capullo,
Y a las avispas hacer su panal,
Al gorrión emprender el vuelo,
Y al quetzal hacer su nidal.
Caminé:
Y mis pasos pisaron la yerba
De bosques e inmensas selvas,  
Ahí descubrí otros mundos;
De arañas y cochinillas,
De aves y manglares,
De víboras y de felinos.
Crecí:
Como vi crecer los manglares,
Como crecen los ríos con el temporal.
Y observe:
A las marabuntas de langostas
Comerse las siembras,
Y a las marabuntas de hormigas
Pasearse entre mis piernas.
Y conviví:
Con sapos que parecían piedras,
Y visite cavernas llenas de agua,
Y recorrí ruinas nunca exploradas,
Y aprendí maya y tojolabal.
Me case:
Y tuve mi prole, mi descendencia,
Y uno a uno los vi crecer,
Como tantas veces contemple crecer
Las hojas de los arboles entre la selva,
Las lianas entre las grutas inciertas,
Y el mañana en el atardecer.
Envejecí:
Como envejecen los animales en los corrales,
Y las auroras en el otoño,
Y el invierno en diciembre,
Y morí:
Como muere la mariposa en pleno vuelo,
Como muere la vida en pleno sol,
Como muere la ansia en el incierto,
Como muere la tierra por la sobreexplotación.  

ENTONACION DE RAIBAN



Rebeldía azul de ejércitos insurgentes,
Andanzas de viejos piratas que navegan,
Con la luz de las estrellas bajo un mar en calma.
Ilusiones de poetas cansados de versos,
Que calienten el mundo con su tinta seca.
Banderas de sangre y hiedra
Extendidas por una noche blanca,
Nostalgias de una guerra perdida
Mezclada con aroma de sexo y tequila.
El raiban, es una danza de mujeres insolutas,
Cuerpos que se manean entre la selva oscura.
El barco zarpa entre los manglares,
Dirige su popa en los cañaverales,
El raiban calienta la noche de plata,
Y en su sílfide de  jazmín enraizado,
Los unicornios se pasean entre sus cuencas
Dilatando  el tiempo que huele a madera,
De entre las sombras salen las hienas,
Que se transforman en mujeres en luto,
De entre sus manos les cuelga un rosario,
Y sus harapos apestan a humo.
El raiban es la certera conciencia
De varios mundos concatenados,
Se levantan las faldas  y juntan sus piernas,
Y con ellas dibujan un polvo de estrellas.
Los sabios las miran todos asombrados,
Y entre cuchicheos comentan su esencia.
El polvo estelar pronto desaparece,
Disipando las dudas de su preexistencia,
Navega el barco y sigue su curso
Ocultándose lejos en un  mar profundo.
Se escucha el canto de algunas sirenas
Que bañan  su pelo en las gigantescas aguas,
Los nomos las cuidan y guardan sus sueños
En pequeñas redomas de cristales viejos.
El raiban termina cuando el sol se despierta,
Escondiéndose  el barco en la espesa selva,
Aguardando la hora en que la luna vuelva
Y despierte la magia y regrese la fiesta.
 

LA PIEDRA Y LA IGUANA


En una piedra una iguana
Verde como la esmeralda,
Debajo de la piedra me encuentro yo,
Recargada pensando,
¿Qué eres tu iguana de ojos de lagarto?
Acaso un recuerdo del tiempo darwiniano,
Un reflejo de lo que en evolución perene
Tomo forma un día de abril o de mayo.
O acaso eres el recuerdo de viejos lagartos marinos,
Que con el tiempo se encogieron
Hasta refugiarse en tu recuerdo insoluto.
¿Cómo es tu vida iguana de escamas multiforme?
A caso sales en el día
 A beber de los rayos tiernos de un sol cansado
Por qué tienes frío.
A caso el hambre te aqueja y por eso sales de tu nido,
Pero tú tan solo:
A largas tu lengua y casas a algún insecto distraído,
Me miras con tus ojos uno para un lado y el otro para otro,
Miras desenfocadamente,
Luego caminas entre la piedra caliente,
Y te vuelves a detener soñolienta
Abres tu hocico aburrida y hambrienta,
Sacas tu enorme lengua,
Te falla la puntería y pierdes a tu presa,
Caminas de nuevo en la piedra caliente,
Hasta volver a acomodarte dónde comenzaste,
Me miras y te agachas divertida.
¿Eres feliz iguana sobre la piedra?
Te pregunto mientras acaricio tu cola larga,
Tú me miras y bostezas inmutable,
Con un ojo me miras,
Mientras con el otro pareces dormida.
De repente me paro de mi asiento confortable,
Y tú te deslizas velozmente entre la piedra,
Te vas agitando tu cola y tus caderas,
Y te pierde entre el inmenso paisaje.
¿A dónde vas iguana verde distraída?
Te llamo incesantemente amiga mía,
Pero tú ya te fuiste con el día.